06 Oct 2026

La familia de José Antonio Martín Pérez solicita la reapertura de la causa

Al fondo a la derecha, el túnel a cuya salida fue encontrado el vehículo de José Antonio Martín Pérez.//Cedida
Sociedad

Han transcurridos más de diez años sin respuestas

ELDIGITALDECANARIAS.NET/Madrid

José Antonio Martín Pérez tenía 39 años cuando desapareció. Vivía junto a sus padres en el municipio de La Orotava, en Tenerife. Su hermana Conchi, que también residía con él, recuerda que el 5 de junio de 2016, cuando su hermano salió del domicilio, una vecina que vivía enfrente lo vio en el exterior: José Antonio llevaba una rebeca al hombro y se dirigía a su coche, un Opel Astra de color negro. La Guardia Civil averiguó que más tarde se desplazó hacia un bar de La Laguna, donde tomó un dulce y un café cortado en compañía de su pareja. A partir de entonces, se perdió su rastro.

Transcurridos más de diez años sin respuestas, Conchi y su familia vuelven a pedir al juzgado de La Orotava que reabra la causa para que los investigadores puedan retomar las pesquisas sobre la desaparición. Fue la condición que la Policía Nacional les transmitió para poder hacerlo. Esa y contratar a un abogado. Conchi profundiza en los motivos:

«Necesitamos que haya otra batida y que la policía pueda empezar de cero. En el Puerto de la Cruz hay muchas cuevas que en su momento no se revisaron. Y hoy en día hay drones… Lo necesitamos porque la incertidumbre nos está matando. Ya no vivimos, sobrevivimos».

A todo ello se suma un hecho que consideran importante. Hace un par de meses, Conchi vio en Facebook la fotografía de un rostro que le llamó la atención. «Cuando la vi, creí ver los ojos de mi hermano. Era una publicación en la que la persona decía que tenía mucha tristeza y que necesitaba ayuda. Hice una captura, pero, al volver atrás para ver quién la había compartido, había otra publicación en su lugar». Conchi se quedó con la duda de quién había difundido aquella imagen. «En la fotografía, la persona parece tener un ojo vago, como le ocurría a mi hermano. Necesitamos que la Policía averigüe quién la publicó».

La denuncia por la desaparición de José Antonio se presentó transcurridos los tres primeros días. Según recuerda la familia, tanto los investigadores de la Guardia Civil —que en un primer momento estuvieron al frente de la investigación— como las autoridades municipales de La Orotava, clasificaron la ausencia como voluntaria. Sin embargo, José Antonio tenía diagnosticado un trastorno bipolar desde 2013 y, por tanto, era una persona vulnerable. Su hermana subraya esta circunstancia: «Un concejal del ayuntamiento me dijo que mi hermano había desaparecido voluntariamente. Yo le respondí que no, porque él estaba enfermo».

Conchi recuerda también que, durante los días previos a su desaparición, José Antonio se mostraba apático y triste. Lo describe como una persona muy familiar, que confiaba plenamente en ella y adoraba a sus sobrinos, los hijos de su otra hermana. Era, en sus palabras, un hijo, un hermano y un vecino maravilloso, de quien nadie pudo tener nunca una queja. «Todos lo querían porque él siempre escuchaba y ayudaba a las personas que lo necesitaban. Es el mayor legado que me dio mi madre. Él y yo éramos inseparables, en parte porque solo nos llevábamos veintidós meses. Lo echo muchísimo de menos. Esto es algo que no deseo a nadie».

Conchi ahonda en las circunstancias que rodearon los últimos días que pasó con su hermano: «La tristeza se le notaba en la mirada. Lavó toda su ropa y dejó su dormitorio muy limpio. Cuando salió, lo dejó impecable. José era una persona a la que le gustaba tener la casa impoluta». Según su hermana, aquel estado de abatimiento estaba relacionado con Dámaso, su pareja. «Decía que estaba así porque aquel chico le estaba haciendo mucho daño. Padecía un trastorno y le empujaba por la calle. Yo le preguntaba por qué iba con él, si no le beneficiaba en nada. Él me respondía que lo iba a dejar, pero no lo hacía». Además, durante los últimos tiempos, José Antonio había intimado con un joven finlandés que trabajaba en una pizzería del Puerto de la Cruz y con otro hombre, de mayor edad, que, según decía, le transmitía paz.

Dámaso ofreció distintas versiones a los familiares de José Antonio sobre la última vez que estuvo con él. «A mi madre le dijo que, aquel día, José tenía las manos sudorosas, estaba nervioso y que se marchó por su cuenta. Lo que me dijo a mí fue que mi hermano aparcó el coche frente a su casa —la casa de Dámaso—, y que cuando quiso marcharse, se fue con unos chicos raros a una finca. En otra ocasión, comentó que José había conocido a un hombre, que le dieron 500 euros y decidió entrar en una casa».

El Opel Astra de José Antonio fue encontrado ocho días después de su desaparición, en Martiánez, a la salida de un túnel cercano al Puerto de la Cruz. En su interior se encontró el cargador de su teléfono móvil, colillas en los asientos del conductor y del copiloto y una nota manuscrita dirigida a Conchi, en la que le pedía que se sacara el carnet de conducir, vendiera el vehículo y se comprara uno más pequeño para ayudar a sus padres. También llamó la atención, según relata su hermana, que el turismo estuviera «muy bien aparcado», en contra de lo que era habitual en José Antonio. Señala además la aparición de un testigo: un hombre que había aparcado su furgoneta en las inmediaciones y que afirmó haber visto a José Antonio deambular por la acera contigua al túnel y mirar hacia arriba. «¿Por qué no me dejaron hablar con ese chico? Me gustaría escucharlo y saber dónde vio a mi hermano y cómo caminaba».

Conchi recuerda que, aquel día, la Guardia Civil indicó a la familia que retirara el coche de inmediato. «Mi madre pidió a mi hermana y a mi cuñado que se acercaran hasta donde estaba el coche, porque yo estaba muy nerviosa. Ellos lo llevaron hasta su garaje por desconocimiento. Hoy sé que el coche debería haberse precintado e inspeccionado en busca de huellas. Además, las colillas de cigarrillos deberían haberse analizado. Su análisis podría haber ayudado a saber quién estuvo con José aquel día».

Tras la localización del vehículo, se desplegó un dispositivo en el que participaron distintos servicios de emergencia, entre ellos la Policía Local, integrantes de las agrupaciones de Protección Civil del Puerto de la Cruz y de La Orotava, la unidad canina de La Laguna, una embarcación de la Cruz Roja y un helicóptero de Salvamento Marítimo. El objetivo era localizar a José Antonio en aquel entorno y en zonas próximas de difícil acceso, rodeadas de acantilados.

Conchi, no obstante, lamenta que la búsqueda terminara pronto. «A mi hermano solo lo buscaron durante las cinco horas de protocolo». Fue ella, acompañada de su prima Marina, quien continuó las pesquisas por su cuenta, recorriendo plataneras, barrancos, cuevas y casas ocupadas. «Íbamos allí y gritábamos su nombre». Días después también acudió a dos comunas. «Fui con una amiga. La primera vez, unas mujeres nos dijeron que no fuéramos hasta allí porque era peligroso. Allí hay una pequeña secta, pero cuando llegamos no había nadie. Solo camas, una alfombra, pintadas en las paredes y silencio». Después visitaron otro asentamiento, cerca del lugar donde había sido localizado el coche. «Íbamos con la foto de mi hermano, y un joven extranjero nos atendió muy bien. Estuvo mirando la imagen y nos deseó mucha suerte».

La familia lamenta que los investigadores no recorrieran aquellos lugares ni prestaran, a su juicio, suficiente atención al hecho de que José Antonio hubiera sido visto en una zona concreta de La Paz antes de su desaparición. «Un vecino del barrio me enseñó una fotografía en la que se veía el coche de mi hermano aparcado allí. Lo reconocí porque tenía el mismo objeto de cristal colgando del retrovisor. Por eso sé que mi hermano estuvo allí, en La Paz». Conchi sabe que su hermano frecuentaba aquella zona porque él mismo se lo contaba. «Cuando fui, un chico me reconoció que lo había visto por allí. Es una zona frecuentada por personas homosexuales. Un descampado con árboles y una iglesia evangélica».

También recuerda que, en una ocasión, la policía las avisó de que habían encontrado a un joven que se parecía a su hermano. «Tenía parecido en los ojos, pero no era él. Mi madre iba donde estaban los agentes cada mañana y se quedaba esperando para saber si era su hijo. Pero no era él. Es muy triste y doloroso. También que, según fue pasando el tiempo, la Guardia Civil le dijera que ya nos avisarían cuando supieran algo». El único miembro de la familia que, en palabras de Conchi, se vio menos expuesto a la espera fue su padre, porque padecía Alzheimer y falleció un año después de la desaparición. «Él ni se enteró. Sí lo sufrió mi sobrina, que tenía diez años, y mi sobrino, que tenía diecisiete. Mi hermano los amaba con locura». Conchi también recuerda con agradecimiento a las personas que estuvieron al lado de su familia, como Fran Baute, amigo de la infancia de su hermano y concejal del Ayuntamiento de La Orotava en aquel momento. «Estuvo durante años viniendo a nuestra casa por Navidad para darnos ánimos y abrazos, y nos propuso que hiciéramos una pancarta para que la foto de José estuviera por todo el pueblo. Fue un error no hacerlo. Él hizo mucho por nosotros».

Para ella, lo ocurrido con su hermano pudo ser un suicidio o un homicidio. «Antes de desaparecer, José me dijo que conocía un lugar donde podía meter el coche y nadie podría encontrarlo, ni siquiera la Guardia Civil. Aquello se me quedó grabado en la mente. Nunca me dijo a qué lugar se refería». También recuerda otra conversación que mantuvo con él en términos similares: «Una vez, mientras caminábamos por la Cuesta de la Villa, en La Laguna, me dijo que, si le hacían daño, no volveríamos a verle, y que, si algún día lo encontraban, sería fallecido». Conchi añade: «También tengo la intuición de que él u otra persona le hizo daño». Lo piensa, explica, porque el coche fue localizado varios días después de la desaparición.

Existen muchas posibilidades y tan solo una certeza: José Antonio lleva desaparecido más de una década. «Este 5 de octubre habría cumplido cincuenta años. Si hubiera estado con nosotras, lo habríamos celebrado yendo a La Laguna, como a él le gustaba. Habríamos tomado café y chocolate, lo que él hubiera querido. Y habríamos paseado. A él eso le encantaba. Era muy lagunero, disfrutaba mucho de toda esa zona. Y es muy duro que vaya a venir otro cumpleaños y decir: “No te voy a ver, hermano”. No sé si en otra vida será posible. Lo que sé es que tengo que seguir luchando para encontrar lo que quede de él. Así podríamos empezar el duelo».

Sobre SOS Desaparecidos

SOS Desaparecidos es una asociación sin ánimo de lucro constituida en Caravaca de la Cruz (Murcia) en el año 2010 que colabora en la difusión de alertas nacionales e internacionales de personas desaparecidas de cualquier edad, cuyos familiares no saben qué ha sucedido con ellas ni dónde se encuentran.

Integrada por más de 63 mujeres y hombres, la asociación también ofrece información y ayuda a las familias que buscan a una persona desaparecida, promueve iniciativas institucionales y legislativas para un mejor cumplimiento de las acciones que posibilitan la localización de las víctimas y colabora en programas de la Unión Europea sobre aspectos de actuación en materia de desapariciones.

Además, es miembro fundador de la Red Internacional de Asociaciones de Personas Desaparecidas (RIAPD), una red que agrupa a organizaciones de ocho países para compartir metodologías de búsqueda y promover iniciativas internacionales destinadas a agilizar la localización de personas desaparecidas.

La Asociación SOS Desaparecidos recuerda a la ciudadanía que cualquier información que se disponga sobre la desaparición de una persona puede ser comunicada a través del teléfono de Emergencias 112, el teléfono de la propia Asociación, disponible durante las veinticuatro horas (868 286 726), o su correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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