24 Sep 2026

España está a punto de entrar en la UCI

Ventanas de Opinión

José Ramón Carrillo Rodríguez (*)

Para un país de tramposos entrampado hasta la médula, el único remedio posible es la inversión adecuada en cultura y educación

Para un país de tramposos entrampado hasta la médula, el único remedio posible es la inversión adecuada en cultura y educación. Hace ya 18 años, escuchando la entrevista que le hacia Juan Cruz a Emilio Lledó en la Fundación Obra Social, de la Caja de Canarias, me llamó la atención la respuesta que dio el filósofo al periodista en esa última pregunta que todo periodista se guarda siempre para finalizar. Juan Cruz, después de casi una hora de entrevista en la que don Emilio describe la situación de España, le pregunta: “¿Y cómo cree usted, don Emilio, que España ha llegado a esta situación tan deplorable?” La respuesta del filósofo no se hizo esperar, afirmando con lucidez y rotundidad: “España es un país de tramposos.”

Decía Albert Einstein que entre las dificultades se esconden las oportunidades. Yo creo que tiene algo de razón, porque ante este dantesco panorama al que nos estamos viendo abocados tenemos que reaccionar por una mera cuestión de humana supervivencia. 

El actual panorama sociopolítico en España ya está a punto de tocar fondo una vez más y ya son muchas, sólo que esta vez la crisis que se avecina es muy diferente a todas las anteriores sufridas porque a peor ha ido la mejoría. A pesar de tener los diagnósticos objetivos y los medios para la sanación, el país sigue enfermo y cada día que pasa le brotan nuevas infecciones o le reaparecen las de pasadas centurias.

Los virus y las bacterias han hecho mella en degradación ética, creando enormes túneles con accesos a las instituciones públicas, donde han conseguido convertirlas en un producto más del mercado bursátil, todo un filón para muchísimos empresarios mal acostumbrados desdé el régimen anterior a hacer y deshacer a conveniencia propia, sin importarles en absoluto los efectos de sus artimañas y sus malas praxis en los españoles con tal de seguir manteniendo su estatus social, donde se han criado y mal educado, presumiendo de bandera.

Pero tantas trampas y falta de decencia están poniendo en grave riesgo el futuro del país, llevándolo a un callejón sin salida y poniendo en grave riesgo su estabilidad y al propio Estado.

Cuando la 'picaresca' se junta con el egoísmo para marcar las agendas políticas y se ponen en marcha los mecanismos de extorsión de los peores enemigos del bien común, los inmorales, los decadentes, los lacayos de la desinformación, los ineptos cuyos expedientes académicos son deplorables en muchos casos y, además, para más degradación, ya no está la cuestión en que influyan en la política, sino que tienen el acceso a manejarla a su antojo utilizando su falso españolismo o sus hipócritas creencias religiosas, grupúsculos mediáticos con  auténticos charlatanes que solo buscan llenar la nevera defendiendo lo indefendible cuando aquellos que les pagan están siendo cuestionados, todo con el único objetivo de seguir manteniendo un sistema caducado y deteriorado. Entonces tenemos que cambiar el diagnóstico y aplicar nuevos tratamientos, porque está claro que este país no es que solo siga enfermo, que no mejore, es que está ya a las puertas de la UCI.

La curación pasa por la urgente necesidad de una educación basada en los valores de la verdad, la justicia y la decencia pública para frenar la ruina moral, pero este es un tratamiento a largo plazo solo propio de poderse aplicar por aquellos ciudadanos que ya lo tengan instaurado, sin prisas pero sin pausas, como diría Johann Wolfgang von Goethe.

Cuando se han realizado profundos análisis sobre la situación social y cultural del país, se ha detectado que la crisis ética que debilita las estructuras de la convivencia y la decencia pública, como la normalización de la trampa, el ventajismo y la picaresca individualista han estado alejando a España del ideal de una sociedad justa y verdaderamente democrática durante todo el siglo XX, frenando una adecuada evolución constructiva de espectro amplio.

Ya es insoportable ver que, en demasiadas ocasiones, las conductas tramposas y el desprecio por la verdad sean minimizados o incluso celebrados socialmente, porque la verdadera ruina de una nación no reside únicamente en sus vaivenes económicos, sino en la "corrupción de la mente" y en la pérdida de la ejemplaridad en las instituciones y la ciudadanía. 

Se puede observar y estudiar a través de la historia como la indecencia y el engaño han llevado siempre por todas las latitudes y en múltiples ocasiones a los países a la destrucción de su tejido social, porque una patria no se construye con símbolos vacíos, sino con ciudadanos honestos que respetan los bienes públicos , el reparto de la riqueza, el bienestar colectivo, el interés general en un sistema de oportunidades equitativo, sin élites.

Que España sea a día de hoy un "país de tramposos" no es un destino inevitable, sino el reflejo de un déficit educativo y crítico que es urgente corregir y se tiene que hacer legislando desdé la política rescatando la memoria de la ética frente al egoísmo sistemático, instando a las nuevas generaciones y a la clase dirigente a recuperar el valor de la palabra, las promesas, los juramentos, la transparencia y la solidaridad, algo donde solo a través de la cultura y la educación se podrá recuperar la decencia colectiva pará poder edificar un futuro sólido y consolidar la democracia para enfocarla hacia el interés general, de donde nunca debió salir.

 

Y hoy 23 septiembre de 2026 sucede una vez más un hecho sintomático de lo que estoy exponiendo en este artículo. A una señora de 87 años, con una discapacidad del 50%, se le ha estado haciendo la vida imposible durante un largo tiempo; siete largos años para expulsarla de su vivienda habitual como inquilina que reside en esa casa en Madrid desde que tenía 17 años. 7 años de suplicio que le han pasado factura a su salud, una crueldad intolerable, solo propia de sociedades avariciosas, necias, cínicas y, por lo tanto, enfermas.

Esta forma de romper la vida a una anciana vulnerable, arrebatándole no ya su espacio vital, sino su misma vida, también es una forma de matarla a fuego lento , puesto que éste tipo de políticas matan tanto o más que las propias balas. 

Pero se ha puesto en evidencia la importancia de la dignidad, a una anciana sola e indefensa se la han robado, y lo han hecho aquellos que ni la tienen, ni la han tenido, ni saben lo que es, ni conocen la importancia que tiene, sobre todo al final de nuestras vidas.

A ésos de las pulseritas con la bandera de la patria, los que quieren parecer católico cristianos, les quiero preguntar algo: ¿Qué es lo que ustedes entienden por patriotismo? Porque querer ser a la vez bomberos y pirómanos es un riesgo muy grande, cualquier cambio en la dirección e intensidad del viento les puede dejar atrapados en medio de las llamas.

Y por si fuese poco el combustible para generar el caos, a alguna persona descerebrada y esquizofrénicas , fluye constantemente cuando hasta un expresidente del gobierno, que nos involucro en una guerra ilegal se dedica a echarle más leña al fuego, sin proponer soluciones prácticas y dice con toda su cara dura qué él que puede hacer qué haga.

Sí con éstos bueyes vamos a tener que arar las cosechas, se quedarán en los cortijos de los de siempre aquellos que aún defraudando a la hacienda pública son amparados, defendidos, halagados o elogiados por algunos dirigentes políticos. Aunque excaven pozos de acuíferos subterráneos protegidos, causando graves daños al ecosistema, ellos se seguirán retroalimentando. Es lo que han aprendido desde la cuna y lo único que saben hacer; arrimarse al poder, prestarles su imagen y cotos de caza para sus oscuras reuniones de fines de semana, y así seguir viviendo del cuento y haciendo de las suyas.

¿Hasta dónde vamos a llegar?

(*) Portavoz de verdes Canarias en Tenerife.

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