04 Jul 2026

Vacaciones de verano: por qué esta etapa favorece los primeros acercamientos de los adolescentes a las sustancias

Adrián Gallardo, director terapéutico de Esvidas.//Cedida
Sociedad

El verano concentra todos los ingredientes para que numerosos adolescentes se acerquen por primera vez a distintas sustancias: menos estructura horaria, más tiempo libre y un ambiente social que favorece bajar la guardia

ELDIGITALDECANARIAS.NET/Madrid

Lo que arranca como un episodio aislado puede, en algunos casos, extenderse más allá del propio verano

¿Por qué esta época supone un riesgo mayor? La falta de horarios fijos, la reducción de obligaciones y el exceso de tiempo libre crean un contexto en el que las decisiones se toman de forma más impulsiva, sobre todo entre jóvenes y adolescentes.

A esto se añade una vida social más activa: festivales, fiestas organizadas y planes improvisados son contextos festivos donde el consumo experimental encaja con mayor naturalidad y donde marcar límites se complica. Además, en vacaciones baja la percepción del riesgo: pensar que el verano es solo un paréntesis alimenta una falsa sensación de control.

El consumo experimental se concentra sobre todo en sustancias que la sociedad ya tiene normalizadas: el alcohol y el cannabis son las más habituales. Según distintas encuestas sobre el consumo en población adolescente, la edad media de inicio se sitúa en torno a los 14 años para el alcohol y los 15 para el cannabis, momentos en los que el organismo todavía se encuentra en pleno desarrollo.

Conviene detenerse también en el tabaco. A pesar de que suele restarse importancia a su consumo, con frecuencia es la primera sustancia que abre la puerta a otras. Y no todo el consumo experimental ocurre en ambientes de fiesta: también aparece en personas que atraviesan soledad o malestar emocional, para quienes los meses de verano pueden resultar especialmente duros.

"El riesgo no está solo en consumir durante el verano, sino en la normalización de estas conductas", advierte Adrián Gallardo, director terapéutico de Esvidas.

El peligro no se circunscribe solo al terreno de las sustancias: también se manifiesta en el uso de pantallas y dispositivos móviles, que se dispara cuando desaparecen los horarios y sobran las horas sin nada que hacer, tan típicas del verano.

"El abuso de pantallas activa mecanismos muy similares a los de las adicciones con sustancia, especialmente cuando se utilizan para llenar el vacío o regular el malestar emocional", advierte Guillermo Acevedo, socio fundador y director de Esvidas.

La Organización Mundial de la Salud aconseja que los adolescentes no superen las dos horas diarias frente a las pantallas. En España la realidad va por otro camino: la Generación Z roza las 7 horas diarias, 4 de ellas dedicadas a redes sociales, según recoge un informe de Línea Directa.

Lo que arranca como un consumo aislado puede terminar consolidándose como hábito, con consecuencias directas sobre la salud mental: mayores niveles de ansiedad, cambios en el estado de ánimo, dificultades para dormir y un malestar emocional que muchas veces pasa inadvertido.

"Detectar a tiempo es fundamental: cuanto antes se interviene, mayores son las posibilidades de reconducir la situación sin consecuencias graves", asegura Acevedo. La clave está en la prevención temprana: información clara, acompañamiento familiar y atención profesional para evitar que el consumo puntual del verano se convierta en algo crónico.

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