06 Sep 2026

Juan Manuel Palerm: “Recuperar o restaurar un paisaje insular no significa congelarlo en una forma nostálgica o idealizada; sino ponerlo en condiciones de evolucionar sin perder su identidad”

Juan Manuel Palerm.//Cedida
Sociedad

El director del Master de Paisaje de la ULPGC asegura que el desafío actual es “construir espacios más bellos y capaces de relacionarse e integrarse resolviendo los conflictos territoriales en los que puedan convivir personas, animales y plantas”

Claudio Calvaruso/Las Palmas de Gran Canaria

Se construyen cosas todas iguales, insertas en un mundo globalizado que no tiene relación con el paisaje ni con la historia de estos lugares. Se producen formas fuera de contexto, ajenas al carácter del territorio. Así se pierde no solo la identidad de un lugar, sino también la relación fundamental entre el ser humano y su entorno. Los arquitectos deben volver a escuchar aquello que pertenece naturalmente a los lugares”

“La sostenibilidad, de hecho, no depende simplemente de la tecnología, ni de las disciplinas técnicas, ni de los eslóganes políticos o publicitarios que a menudo acompañan este tema; es una estrategia de proyecto”

La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (LPGC) y el Gobierno de Canarias han creado un máster pionero en paisaje en las islas. Esta enseñanza especializada, dirigida por el arquitecto y catedrático de Proyectos Arquitectónicos en la Facultad de Arquitectura de la ULPGC Juan Manuel Palerm, consta de dos títulos, el máster de formación permanente, cuya duración es de octubre de este año a junio de 2027, y, como opción más corta, la formación de experto universitario en Análisis, Diagnóstico y Gestión del Paisaje, esta de octubre de 2026 a enero de 2027.

 Ambos estudios, que son pioneros, están especialmente indicados para profesionales de alta cualificación, nacionales o bien extranjeros, como son los funcionarios, arquitectos, geógrafos, abogados, ingenieros, biólogos, historiadores, economistas, agricultores… En resumen, todos aquellos profesionales vinculados al urbanismo, el medioambiente y al paisaje.

El plazopara matricularse es hasta el 18 de septiembre. Para más informacion puede consultarse en el correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Pregunta: ¿Qué significa para usted vivir en una isla?

Respuesta: Según mi opinión, la dimensión de la isla tiene dos componentes. El primero es el físico; por lo tanto, una isla, en la definición clásica, es un pedazo de tierra rodeado de agua por todas partes ; en el caso del archipiélago de las Canarias, es el mar Atlántico y ello imprime carácterYo no estoy suficientemente convencido de que esta sea la definición correcta de isla para los seres humanos. En el sentido de que, según mi visión, la isla es también una cuestión mental, una cuestión de principios. Es la idea de la relación con la tierra, con el agua, con el sol, pero también con la población, con la materia digital; por eso, todas las islas, en su componente física, parecen todas iguales, pero cada isla es diferente, y la diversidad es el segundo componente con el cual descubrimos los aspectos fundamentales e intrínsecos de la isla. Creo que todo el mundo es una isla; de hecho, no estoy de acuerdo con dividir el mundo en continentes, estados y regiones. Como proclamaban  los antiguos cartógrafos, antes de los portulanos, el mundo está hecho de islas. El problema es cómo identificar las islas y a nosotros mismos, cada uno, con todos.

P: ¿Qué significa para usted proyectar en una isla?

R: El indispensable componente del proyecto es decir, el hecho de proyectar, esconde implícitamente siempre una perspectiva de futuro, una prospectiva , una imaginario, una visión futura. Sin la fantasía e imaginación no es posible proyectar. Al mismo tiempo, el proyecto necesita un estudio prospectico integral , no solo un análisis sectorial ; porque el estudio debe tener una visión propositiva. En este caso, el proyecto se convierte en el instrumento para construir la visión de una realidad concreta, con la cual introducir nuevos aspectos imaginados, capaces de resolver los problemas que hoy se encuentran en las islas. En general, por lo tanto, el proyecto apunta a construir espacios más bellos y capaces de relacionarse e integrarse resolviendo los conflictos territoriales en los que puedan convivir contemporáneamente varios sujetos: personas, animales y plantas., el proyecto debe dialogar y convivir con las debidas diferencias que se encuentran en las islas. Solo interviniendo de este modo, ese proyecto será el proyecto más adecuado, más inteligente, máético para las islas, capaz de mediar en la triple relación entre hombre, naturaleza e isla.

 P: ¿Cómo interpreta el proyecto de arquitectura el paisaje y las lógicas del lugar?

R: El proyecto de arquitectura no solo interpreta, condiciona y promueve una visión crítica  El proyecto es una clave de lectura que ayuda a comprender mejor el paisaje insular y cómo poner en orden los valores más justos del paisaje para hacerlos resaltar a través del  proyecto sus cualidades . Sin el proyecto de arquitectura, el paisaje. Hay que mirar el paisaje no como un panorama o una fotografía, sino como una dimensión compleja en la cual intervienen diversos factores, como las personas. En este sentido, la única posibilidad para el proyecto de arquitectura es asumir la tarea de poner en orden el paisaje, operando con pequeñas intervenciones, añadiendo o quitando materia al paisaje, mejorándolo o conservarlo , para ello necesitamos el proyecto. En definitiva, no solo interpretamos  el paisaje insular a través del proyecto; operamos y actuamos sobre  paisaje a través del proyecto de arquitectura.

P: ¿Tiene el proyecto de arquitectura la capacidad de transformar, recuperar y restaurar el paisaje insular?

R:, es la única posibilidad, y no pienso solamente en el proyecto de arquitectura, sino en el proyecto en general, incluido el de ingeniería. Cuando hablo de arquitectura, incluyo también todos aquellos proyectos que se refieren a diversas obras: públicas, viales, hidráulicas, forestales. En todos estos casos, el proyecto debe ser una condición vinculante para evaluar aquello que se transforma. Toda intervención en el territorio insular debe pensarse como un acto de responsabilidad crítica. Es necesario comprender qué se está transformando, qué debe recuperarse, qué debe mejorarse y qué debe ponerse en evidencia para expresar de la mejor manera el valor de ese paisaje insularEl proyecto posee esta capacidad porque no es solo un instrumento técnico de transformación material, sino un instrumento de interpretación que, leyendo el lugar, logra adaptarse a las necesidades de la sociedad contemporánea. Recuperar o restaurar un paisaje insular no significa congelarlo en una forma nostálgica o idealizada; significa, por el contrario, ponerlo en condiciones de evolucionar sin perder su identidad. Por eso el proyecto de arquitectura debe saber transformar sin destruir, innovar sin borrar. Solo así el paisaje insular puede seguir viviendo y transformándose, permaneciendo reconocible, capaz de devolver la identidad, la complejidad de la isla y la relación con la comunidad que la habita.

 P: ¿Con el proyecto de arquitectura en las islas, se puede construir un paisaje insular que sea la síntesis entre naturaleza y artificio?

R:, sin duda. No es solamente una posibilidad: es una necesidad. Todos los seres humanos y todas las comunidades necesitan construir una representación de sí mismos. Esto vale para cualquier territorio y, de manera especial, para las islas. Cada isla del mundo construye su propia imagen a través de la arquitectura, a través de los proyectos que dan forma al paisaje insular y que cuentan su identidad. Sin esta capacidad de construcción del paisaje no podemos ofrecer ninguna representación auténtica de nosotros mismos. Es una condición profundamente humana dejar en el territorio una huella que represente la propia existencia. Sin este vínculo, el mundo permanece inerteEs difícil imaginar, por ejemplo, que los habitantes de las Canarias no hayan sido capaces de construir a lo largo del tiempo una representación de su mundo, reconocible en todas partes. Del mismo modo, es difícil pensar que los sicilianos no sepan construir una representación de sí mismos y de su lugar. Y, de hecho, lo han hecho a través del proyecto de arquitectura. Basta observar ciertas intervenciones, ciertas huellas en el paisaje: se reconocen de inmediato, se entiende enseguida qué visión del mundo expresan. El verdadero problema es saber intuir esa representación, construirla y seguir evaluándola con el tiempo. A menudo lo que falta hoy es precisamente la capacidad crítica de valorar lo que se realiza. Se construyen cosas todas iguales, insertas en un mundo globalizado que no tiene relación con el paisaje ni con la historia de estos lugares. Se producen formas fuera de contexto, ajenas al carácter del territorio. Así se pierde no solo la identidad de un lugar, sino también la relación fundamental entre el ser humano y su entorno. Los arquitectos deben volver a escuchar aquello que pertenece naturalmente a los lugares. Si perseguimos únicamente modelos sofisticados, abstractos o dictados por lógicas exclusivamente financieras, corremos el riesgo de perder lo que realmente importa. Pensemos, por ejemplo, en el turismo. El turismo ha construido a menudo una imagen de las islas que acaba destruyendo la propia isla. ¿Significa esto que el turismo sea negativo? No, no debemos eliminarlo. Debemos, más bien, repensar la relación entre construcción turística, transformación del territorio e identidad de la isla. Debemos entender qué capacidad tiene el turismo para convertirse en algo más: no solo en un recurso económico, sino en un instrumento capaz de construir una representación auténtica de la isla; porque a menudo se construyen edificios que no tienen ninguna relación con el lugar, que podrían estar en cualquier parte y que no cuentan nada de lo que ese territorio es realmente.

P: ¿Es correcto que el proyecto de arquitectura en las islas utilice la materia principal de la que está hecha la isla con la intención de mimetizarse?

R: La mímesis de la arquitectura con el paisaje insular es una elección estratégica, una operación proyectual, pero no es la única. El arquitecto-paisajista debe conocer todas las operaciones proyectuales: no solo la mímesis, sino también la demolición, la transformación, la construcción, la oposición o el contraste. Por lo tanto, el proyecto de arquitectura debe seleccionar cuál es la mejor operación proyectual según el contexto, la isla y el significado que se quiere construir. Por esta razón, no se puede reducir el tema de la arquitectura en las islas a la idea de que sea necesario utilizar cliches de la isla para mimetizarse. La mímesis es solo una operación proyectual entre muchas. El punto es que cada proyecto de arquitectura debe evaluar qué quiere hacer emerger y cuál es la estrategia más adecuada para dar sentido y resolver un conflicto o necesidadPor eso desconfío mucho del uso rígido de palabras como mímesis”. Es peligroso no solo en el plano instrumental, sino sobre todo en el plano cultural, porque puede producir también consecuencias negativas, construyendo algo falso dentro del proyecto de paisaje.

El proyecto de arquitectura requiere capacidad crítica, interpretación e inteligencia. Requiere comprender, en cada caso, cuál es la relación correcta que debe establecerse con el lugar.

 P: ¿Qué necesidades debe afrontar el proyecto de arquitectura en las islas en la época de los cambios climáticos y de la transición ecológica?

R: El proyecto de arquitectura en las islas debe responder a las mismas necesidades a las que la arquitectura siempre ha tenido que responder a lo largo de su historia. La sostenibilidad, con todos los objetivos que hoy se indican y se formalizan, es ciertamente importante y útil, pero en realidad muchas de las reglas que hoy definimos como sostenibles” ya están contenidas en las tradiciones constructivas ancestrales que han atravesado toda la historia de la humanidad. La sostenibilidad, de hecho, no depende simplemente de la tecnología, ni de las disciplinas técnicas, ni de los eslóganes políticos o publicitarios que a menudo acompañan este tema; es una estrategia de proyecto. El proyecto de arquitectura debe incluir la sostenibilidad dentro del proceso proyectual, como un principio interno a la construcción de la arquitectura. No puede reducirse a una simple verificación técnica, al control de parámetros que deben cumplirse o al cumplimiento mecánico de protocolos preestablecidos, porque ya forma parte del propio proyecto de arquitectura. Este es el primer punto. El segundo se refiere al cambio climático. Es evidente que la arquitectura deberá adaptarse a las profundas transformaciones de las condiciones ambientales. Estas nuevas solicitaciones son indicadas a los arquitectos por otras disciplinas científicas, con las cuales el arquitecto deberá dialogar para informarse sobre los cambios en curso y sobre las nuevas condiciones que el proyecto de arquitectura deberá afrontar. No significa sufrir los datos técnicos, sino interpretarlos proyectualmente. El cambio climático no impone simplemente nuevas reglas técnicas: impone una nueva conciencia proyectual. Y esta conciencia debe transformarse en arquitectura, debe convertirse en forma, materia, orientación, espacio. Solo así el proyecto puede responder realmente a la transición ecológica: no como una adaptación pasiva a un conjunto de prescripciones, sino como la capacidad de interpretar y transformar las nuevas condiciones del mundo, innovándose y renovándose continuamente.

P: ¿Cree que el proyecto de arquitectura debe afrontar el problema de la escasez de agua en las islas?

R:. El agua es un elemento que debe estar siempre incluido en el proyecto de arquitectura. Existen muchos ejemplos de islas donde el agua es un elemento proyectual, en los que se trabaja la complejidad de este elemento a través de la posibilidad de recoger y distribuir el agua mediante recorridos, estanques, cubiertas y materiales. En las islas, la relación con el agua es fundamental; de hecho, el mar es la forma más representativa de este elemento natural. Esta relación es visible en el límite de la línea de costa, donde la tierra y el agua se encuentran. Es precisamente en este punto donde se produce el contacto entre ambos elementos. Inevitablemente, la presencia de esta gran cantidad de agua alrededor de un pequeño fragmento de tierra condiciona el clima de la isla, del día a la noche. A la inmensa cantidad de agua salada del mar que rodea las islas se contrapone la escasez de agua dulce para los seres vivos; por lo tanto, en muchas islas, como en las Islas Canarias, se han diseñado plantas de desalinización del agua del mar para hacerla potable y utilizable para uso doméstico. Lo que no es visible en este proceso de desalinización es el cuidado de la instalación y del mecanismo que hace potable el agua. No solo el proyecto de arquitectura podría intervenir en este caso para dejar una contribución visible, sino que también debería ocuparse de todas las demás formas de agua que interactúan en las islas, como el agua de lluvia. Es necesario observar de manera integral el ciclo del agua en las islas para poder intervenir con el proyecto de arquitectura. Uno de los elementos naturales fundamentales que ayudan a comprender la morfología de la isla, los recorridos del agua y, por tanto, la interacción del agua en el territorio insular, son los valles, los cañones y los barrancos. Muchos de ellos están abandonados tanto en las Canarias como en Sicilia, pero su estudio ayuda al arquitecto a comprender cómo el agua construye la forma de la isla y las condiciones para que las islas puedan ser habitadas.

 P: ¿Hay alguna isla especial para usted tanto como persona como arquitecto?

R: Como decía una célebre canción, mi isla especial es la que no existe. No es solo una imagen poética: existe una isla que no existe y que se llama San Borondón, una isla legendaria de las Canarias, que aparecía y desaparecía varias veces, cuyo nombre deriva de un monje irlandés, Saint Brandán, que según el relato celebraba la misa en una barca y bendecía a todos los navegantes antes de cruzar el océano Atlántico. Esta isla pertenece al imaginario colectivo, pero precisamente por eso es profundamente real en el sentido más profundo  del término. La isla que no existe representa la idea misma de la isla como tensión hacia aquello que buscamos, como deseo de descubrimiento, como posibilidad de imaginar un futuro diferente. Esto, en el fondo, es el papel del proyecto. No se trata solo de resolver los problemas actuales de las islas, sino también de saber entrever la isla que aún no existe: aquella que podemos imaginar, construir, revelar. La isla es, ante todo, un concepto, una idea a través de la cual leemos el territorio, a través de la cual leemos e interpretamos el mundo. Por eso, la isla más especial para mí no es una isla geográficamente identificable. Es aquella que aún debemos descubrir. En Canarias, afortunadamente, cada dia descubrimos  algo para identificarla.

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