Las cabras hippies con pendientes
Son los chips en la oreja dónde el verdadero fin, es estar marcadas por infinitos motivos y el principal motivo es la repartición del dinero
Juan Santana / Arona
Recuerdo cuando niño tenía dos cabras con sus nombres, Blanca, la cabra blanca y Bonita la cabra negra, dos cabras que resolvían bastante la gastronomía familiar, con unas buenas cucharadas de gofio y cuando parían cabritos, nos comíamos casi siempre a los machos y las hembras eran vendidas al mejor postor, pero además vendíamos la piel y sin olvidar los buenos quesos.
Pero han pasado más de cincuenta años y las cabras actualmente son hippies con pendientes, pero los pendientes son los chips en la oreja dónde el verdadero fin, es estar marcadas por infinitos motivos y el principal motivo es la repartición del dinero, de la leche, con el impuesto del gobierno, el veterinario, la tienda del pienso, los seguros obligatorios, la choza donde vivirá la cabra, el agua, la luz, los impuestos de la venta de los quesos, el agua que bebe la cabra, los productos para mantener la higiene de la cabra, la alfalfa y no si quedará algo más atrás.
Confieso que hasta el año 1990 cuidaba a dos cabras en Guanarteme, Gran Canaria, unas cabras que tenía en la azotea de una casa de tres plantas y en la azotea habían dos habitaciones con palés en el suelo para que las cabras no rompieran el suelo con las pezuñas y en la otra habitación era donde poníamos la alfalfa cada dos sábados que la comprábamos en una finca muy cercana, pero los tiempos han cambiado después de medio siglo y las cabras están cerca de ser animales prehistóricos. Actualmente tener una cabra es un lujo, en algunos casos es un capricho de personas bien acomodadas que tendrán a su trabajador que las cuide y tenemos todavía a pastores con sus cabras, pero deben tener más de cien cabras para que puedan ganar dinero y ganar el pan de cada día y todas serán hippies con sus pendientes.
En Gran Canaria hay bastantes cabras al igual que en Fuerteventura, pero no hay cabras pa'tanta gente y muchas cabras que nos comemos en los restaurantes de Tenerife o Gran Canaria llegan desde la península. En el sur de Gran Canaria tenemos los pastores de la Aldea Blanca, en la Era del Cardón entre Sardina del Sur y Santa Lucía y algo anecdótico son los pastores de la Gloria en las montañas de San Bartolomé de Tirajana donde los pastores utilizan motos de trial y todos los quesos son de máxima calidad como los quesos de Guia y Gáldar o los de Fuerteventura y en ésta isla majorera se han llevado muchísimos premios los quesos Maxorata.
La leche de la cabra comienza a perder fama desde que aparecieron los listillos de turno hablando de dietas vendiendo que la leche de cabra es dañina para la salud, además de que engorda y los pijos ahora toman leche sin lactosa, leche de almendras, pasteurizada, semidesnatada o otras tonterías y cuando entras cualquier supermercado a comprar leche, la palabra Leche casi desapareció y donde podemos leerla es en los paquetes de la leche de Valsequillo, un municipio de Gran Canaria donde por cierto también tenemos maravillosos quesos.
Resumiendo todo esto, si usted decide tener una sola cabra tendrá dos opciones, tenerla bien escondida sin pendientes para que la leche sea para quién la cuida y su familia o ponerle un pendiente para que en vez de una cabra sea una ruina, un castigo de Dios, un calvario, un sin vivir, para que sea la cabra, la cabra, la puta de la cabra, yo tenía una cabra y al final se me murió.

