Policías locales de Los Realejos, brazo armado del clan Topas o el obsceno pájaro de la noche que busca alimentarse de abogada que lo único que ha hecho ha sido alejarse de un jardinero de segunda
Seguimientos, comparecencias nocturnas, notificaciones sin sentido, luces, cámara y acción, en una guerra en la que Yurena Carrillo es un engranaje al que quieren aplastar todos y todos éstos
ELDIGITALDECANARIAS.NET / Los Realejos
Una vez una mujer de gran criterio, política y avispada como ella sola dijo a este escriba que tanta imagen, tanto relato, tanta metáfora, desvirtuaban la información y que realmente lo importante era el hecho desnudo, así tal cual, y quizás tenga razón, mucha razón, pero este caso que estamos mostrando sobre la abogada Yurena Carrillo y su ex marido, jardinero de segunda en la empresa Realserv, Schai Topas, israelita, con perdón, sobrepasa ciertos aspectos que requieren lo que llamaba Leila Guerreiro, una crónica pelotuda.
Pero vamos a hacerle caso a esa mujer, que admiro y estimo. Aquí tienen los hechos, así de telegráficos, sin emociones, sin valoraciones y como dice otro gran amigo mío, el dato mata el relato.
Yurena Carrillo, abogada en ejercicio. Ex del jardinero de segunda de Realserv. Viene de Barcelona, de atender un caso. Es el día de su cumpleaños. Un familiar muy cercano la recoge en el aeropuerto y la trae en coche hasta su casa en Los Realejos. Tarde noche, llega cansada, se prepara y se va a la cama, poniéndose cómoda. Noche cerrada, tarde. Suena el timbre. Varias veces. Se acerca la letrada a la puerta y ve a dos policías locales, uno joven, el otro no tanto. Dicen que vienen a notificarle algo, porque el agente de mayor edad, experimentado agente, lleva unos papeles. Y se pone insistente ante la puerta de la casa, porque la abogada les dice que ni firma y recoge. Dos agentes de la Policía Local notificando a altas horas de la noche en un domicilio particular. Como la abogada se niega y habla de sus derechos y de que no recoge, el policía veterano echa de mano de su linterna y se la enfoca a la abogada durante un tiempo y sigue insistiendo para que recoja el papel, pero sin decir cual y que lo firme, no sin antes aludir a la vestimenta de la letrada.
Como no lo consiguen, se van de allí y vuelven al coche patrulla. Resulta curioso es que ambos surgen de la nada, horas después de la llegada de la abogada a su casa. Y en horas intempestivas. Muy curioso. ¿Sabían ambos esta circunstancia? ¿quién estaba pendiente para que de repente pasara este incidente tan desagradable y perturbador.
¿Sabía el subcomisario o el jefe de servicio esto? ¿A qué obedece esto? ¿quién gobierna realmente o tiene tanto poder? ¿Un jardinero de segunda? Son preguntas que uno se hace en una historia donde antes quien era la mala de la película, era la abogada. ¿En serio? Piensen un poco, un experto policial consultado por este periódico transmitió que era una situación extraña tanto por la hora, por la insistencia y lo de la linterna, bien cogido, podía ser una agresión. Ahí se los dejo.