16 Sep 2026

Policías locales de Los Realejos agrupados en el ‘odio’ a la abogada Yurena Carrillo la hostigan a día de hoy sin que haya causa criminal, penal, judicial, lo que sea, para justificarla

La secuencia infernal que estamos contando aquí.//Cedida
Municipios

Los agentes parece que obedecen no al jefe ni al alcalde, sino al jardinero de segunda de origen israelita que al final es quien manda en el Ayuntamiento realejero

ELDIGITALDECANARIAS.NET / Santa Cruz de Tenerife

¿Tenerife? ¿Canarias? ¿España? ¿Constitución 1978? ¿Leyes? ¿Algo? Nada que podamos responder con garantías porque hablamos de un municipio tinerfeño, Los Realejos, gobernado por el PP y que tiene al alcalde Adolfo Siverio, supuestamente al mando.

Pero olviden todo. Aquí la ley ha dejado de existir, mejor se ha ido a dar un paseo a cuenta de un asunto que era privado pero que se ha convertido en un asunto de orden público pero corrupto, indigno que alcanza a los que supuestamente deben defenderla y que es la Policía Local y por extensión a la Policía Nacional, concretamente la de la comisaría del Puerto de la Cruz y la Guardia Civil, totalmente ausentes y a los que todo este asunto se las trae al pairo, amén entonces que ni juzgados, ni jueces y fiscales no estarán porque nadie los ha alertado o llamado.

La corrupción policial en España desde la muerte del general Franco ha golpeado a la opinión pública en múltiples momentos, aunque con diferentes niveles de intensidad. Se llama corrupción policial a una mala praxis por la que los miembros de la Policía Nacional y la Guardia Civil rompen su contrato social y abusan de su poder en beneficio propio, desprestigiando a la institución a la que sirven. Este tipo de corrupción puede involucrar a uno o varios agentes y puede implicar un desafío a la confianza pública y a los derechos humanos, con graves consecuencias sociales y/o morales. La corrupción policial en España puede adoptar muchas formas, como los sobornos de tránsito, sobornos para ascender irregularmente de rango,robo de combustible tráfico de influenciasnarcotráfico, alquiler de armas a grupos criminales, complicidad para la extorsión,abuso de autoridad, uso excesivo de la fuerza, conspiración, ofrecimiento de sicariato y espionaje. Mientras la Policía Nacional no da datos de sus "ovejas negras", la Guardia Civil estima en 500 personas las investigadas cada año, de un total de 88.000 agentes en 2024.

La Constitución de 1978, en su artículo 104, encomienda a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, bajo dependencia del Gobierno de la nación, la misión de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos y garantizar la seguridad ciudadana. Subsiguiente a este precepto constitucional, se dictó la ley orgánica 2/1986, de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que es el pilar básico y común del régimen jurídico de todos los cuerpos policiales, estatales, autonómicos y locales, y a partir del cual se han ido desarrollando para cada uno de ellos sus respectivas normas de organización y funcionamiento. Para la sanción de las infracciones cometidas por los policías durante el desempeño de sus funciones, se dictó la ley orgánica 4/2010, de 20 de mayo, del Régimen disciplinario del Cuerpo Nacional de Policía. En España, la Unidad de Asuntos Internos depende directamente del Director Adjunto Operativo de la Policía Nacional. Sus labores se mueven principalmente en el ámbito de las labores de la Policía Judicial pero desde el sigilo más absoluto. Los delitos que persiguen son de forma predominante el tráfico de drogas, cohecho y revelación de secretos. En muchas ocasiones tienen que trabajar con fuentes anónimas y tirar de los hilos.

Pasen todo esto al ámbito de la Policía Local. Un grupo de agentes dispuestos a todos, convencidos de que son impunes, agrupados en el amor a un jardinero de segunda de la empresa Realserv, Schai Topas, una especie de valido, de primer ministro, de Godoy de cuarta división de un alcalde que es un pelele absoluto, entregado y estragado al brillo de la estrella de David y todos, señores y señoras, enfilados contra la abogada Yurena Carrillo.

Uno de los fuertes de este grupo es un tronado, circuitero de gimnasio, uno que intentó ser policía local de La Orotava y que al final termino en Los Realejos y que es supercolega del jardinero, tanto que se pasa la ley por donde van los camiones. Este y otros son los que se dedican al hostigamiento a la abogada en cuanto esta pisa el municipio y todos focalizados en la vivienda que ella tiene allí. Sus acciones quieren convertir la vida de esta abogada en un infierno. El otro día por ejemplo, la abogada llega a su casa y ve a unos fontaneros municipales enfocados a la vivienda, porque una llamada de la Policía Local le dio un aviso que allí había una fuga. Y nada, llamada falsa, puteadora. Y luego poco después, sabotaje a depósitos de agua en la azotea.

¿Alguien fue a investigar, alguien hizo algo? Nada de nada. Ya vimos el glorioso día de las notificaciones nocturnas y todo lo que se movió con eso. Un grupo de agentes corruptos, si, lo decimos, sin problema y vamos a donde haga falta, pero también sabemos que allí hay agentes que no están en esa pomada enfermiza, pero que están callados, tranquilos y sabedores y seguro que algún día serán ellos los que manden y se acabe este vertedero, que tiene al jefe totalmente esclavizado ante el alcalde, pero también ante el jardinero, que desde su caso y moviendo un libro negro los dirige a todos, un jardinero de segunda para gobernarlos a todos, desde las sombras. Pero más allá del jardinero, hay uno más oscuro, más terrible, que los tiene atenazados, que es el que pone a las tropas auxiliares a trabajar y que ha vuelto a ocupar el sillón de hierro del Norte. Otro Topas, no jardinero, sino agrimensor, el señor de las moscas, terrible.

Y piensen algo. Todo este esfuerzo para acabar con una mujer, madre de dos hijas, que un día se unió a un chico, que cuando se dio cuenta, tenía el hálito del infierno. ¿Dónde está la agresora? ¿Dónde su lanza, su malandaza? Pues en la mentira, que es hija del Diablo. Y saben que es lo peor, que supuestamente, los buenos no van a hacer nada.

 

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