El Hotel Fariones cumple 60 años y con él el turismo que transformó Lanzarote
Fue el primer establecimiento hotelero de la isla
ELDIGITALDECANARIAS.NET/Lanzarote
El 12 de octubre de 1966, un edificio blanco de 77 habitaciones abrió sus puertas en Puerto del Carmen y cambió para siempre la historia de Lanzarote. El Hotel Fariones, según recoge Vozpópuli, fue el primer establecimiento hotelero de la isla. Sesenta años después, su aniversario invita a repasar cómo nació una industria que reconfiguró la economía, el paisaje y la identidad de un territorio que antes miraba al mar por necesidad, no por placer.
El ocio del viajero moderno en un destino ya consolidado
Noah Strang, analista deportivo y viajero habitual de destinos de naturaleza, lleva años observando cómo los destinos turísticos maduros organizan el tiempo libre de sus visitantes. Lanzarote, con seis décadas de turismo ordenado y un hotel como el Fariones como columna vertebral de Puerto del Carmen, le resulta un caso ilustrativo. El bienestar, el deporte, la gastronomía y las rutas por el paisaje volcánico ocupan la agenda central de quien viaja a la isla, pero Strang advierte que, una vez cubiertas esas actividades, los ratos de descanso generan sus propias demandas.
Algunos viajeros, señala, recurren en esos momentos a opciones de entretenimiento digital, y la apuesta deportiva y de casino en línea figura entre ellas. Antes de acceder a cualquiera de esas plataformas conviene informarse sobre la regulación del juego en Canarias y operar únicamente con proveedores que cuenten con licencia legal. Para orientarse en esa elección, Strang remite a Las últimas selecciones de Smart Betting Guide como referencia de opciones contrastadas.
De la pesca y la emigración al primer gran hotel de la isla
Antes de 1966, Lanzarote era una isla de espaldas al mundo exterior. Su economía dependía casi por completo de la pesca, de una agricultura sometida al rigor volcánico y de la emigración como válvula de escape ante la falta de oportunidades. Las comunicaciones con la península eran escasas. La modernidad llegaba tarde y mal.
La apertura de España al exterior en la década de los sesenta cambió ese escenario. Las Islas Canarias emergieron como destino de clima privilegiado y relativa proximidad para los viajeros europeos que buscaban sol garantizado y paisajes distintos. Lanzarote, con su geografía lunar y su luz singular, tenía todo para seducir. Solo le faltaba un lugar donde alojar a quienes llegaran.
El Hotel Fariones cubrió ese vacío de golpe. Con sus 77 habitaciones inauguradas aquel 12 de octubre, el establecimiento duplicó de un plumazo la capacidad de alojamiento de toda la isla. No fue solo un hotel. Fue el punto de partida de una industria que acabaría siendo el motor económico del archipiélago.
Un hotel renovado que entiende el lujo como continuación del entorno
Puerto del Carmen sigue siendo hoy el escenario del Fariones. La reforma integral completada en 2020 transformó el edificio original en un hotel de 213 habitaciones pensadas para establecer un diálogo constante con el entorno, mediante grandes ventanales que encuadran el Atlántico, materiales naturales y una paleta cromática que remite al blanco de la arquitectura vernácula y al negro del basalto.
Esa filosofía no se limita a la estética. Fariones Wellness opera con cosmética natural y un circuito diseñado para reducir el ritmo, en sintonía con la quietud del paisaje volcánico que rodea la isla. El centro deportivo completa la propuesta con gimnasio, pistas de tenis y pádel y entrenamientos al aire libre. El bienestar, aquí, no es un servicio accesorio. Es la continuación lógica de un entorno que ya de por sí invita a detenerse.
La gastronomía como expresión del territorio
La apuesta gastronómica del hotel parte de un principio sencillo pero exigente: el producto llega cada día desde Finca de Uga, explotación agrícola y ganadera del mismo grupo hotelero ubicada en el pequeño pueblo de Uga. Frutas, verduras, quesos artesanos, huevos, carnes y lácteos producidos en Lanzarote abastecen diariamente las cocinas del Fariones. La distancia entre el campo y el plato se reduce al mínimo.
Esa materia prima alimenta una oferta variada. Bella Lucía coloca el producto local en el centro de su carta. Kaori aplica técnicas japonesas a ingredientes lanzaroteños. La Barra ofrece una fórmula más informal. Y dos experiencias singulares completan el cuadro. Cada viernes al atardecer, el solárium Los Cocoteros acoge BBQ Lovers, donde una gran parrilla de carbón trabaja chuletón madurado, cochino negro canario, pescados frescos, verduras de temporada y quesos artesanos de Finca de Uga. Chef's Table by Erizo suma otra dimensión culinaria diferencial al conjunto.
La Geria y el vino volcánico, símbolo de una isla que eligió su propio modelo
Al sureste de la isla, el paisaje de La Geria cuenta una historia de ingenio y supervivencia. Tras las erupciones volcánicas del siglo XVIII, los agricultores lanzaroteños descubrieron que la ceniza retenía la humedad del rocío nocturno. Cada cepa quedó protegida por un pequeño muro de piedra, el hoyo excavado en la lapilli. La vid sobrevivió donde nada parecía posible. Nació así uno de los paisajes vitícolas más singulares del mundo.
Bodegas Stratvs trabaja hoy en ese entorno con malvasía volcánica, una variedad reconocida por su intensidad aromática, su frescura y su marcada mineralidad. La bodega elabora también tintos de viñas centenarias y vinos dulces envejecidos. El resultado es un producto que solo puede existir aquí, fruto directo de una geografía extrema que los habitantes convirtieron en ventaja.
Esa capacidad de convertir la limitación en identidad resume algo más amplio sobre Lanzarote. La isla optó, en paralelo a su desarrollo turístico, por proteger lo que la hacía diferente: limitó las alturas de las construcciones, preservó la arquitectura tradicional y resistió el crecimiento uniforme que homogeneizó otros destinos del Mediterráneo y el Atlántico. El Fariones lleva seis décadas siendo testigo y reflejo de esa decisión. Un hotel que nació cuando la isla no tenía turismo y que hoy forma parte del paisaje como si siempre hubiera estado. Lanzarote es un destino que pide tiempo para ser entendido, no acumulación de estampas.