Cuando él sabía que estaba esperando
Usted querido lector seguramente estará pensando que este artículo es un poco extraño, pero tiene su explicación y el principal motivo de este artículo que es un relato, es para fomentar la lectura
Juan Santana / Arona
El hombre sentado sabía que había una persona detrás mirando, esperando que le invitase a sentarse y así estuvo durante más de cuarenta minutos pero no hubo manera.
El señor comía plácidamente las tres caballas que parecían cazones por sus tamaños, pero comía sin prisa y cada dos o tres minutos escuchaba los garraspeos del hombre que estaba detrás tirando puntas a ver si caía algo, pero no había forma de que le invitase aunque sea un pisco caballa o una copa de vino.
Frente al señor que estaba comiéndose el gran manjar había un amigo seguramente del comensal, pero decidió levantarse y mandarse a mudar porque era imposible soportar a la persona que está de pie con su mirada clavada especialmente en las tres caballas.
¿Qué haría usted querido lector si estuviera o estuviese en el lugar del comensal?. ¿Usted le hubiera invitado?. Mi opinión personal en éste caso sería llamar al gerente de éste restaurante para que me quitaran al señor que está mirando desde atrás, pero después de más de cuarenta minutos esperando ver la reacción del comensal, los testigos presentes descubrimos que a dicho comensal le importaba un rábano que estuvieran observándolo, ¡Es más!, daba la sensación de que estaba comiéndose las caballas super feliz y para más inri, de vez en cuando gritaba con ésta frase, ¡Ños!, ¡Pero que buenas están éstas caballas!, pero también sorprendía observar a la persona que está detrás con una actitud muy pasiva, muy tranquilo, muy relajado e incluso parecía que estaba gozando mientras lo veía comer y esto me trajo a la memoria por el año 1987 en el pueblo western en el Sur de Gran Canaria, cuando yo era mucho más joven, muchísimo más fuerte que ahora y todos los viernes más de dos mil personas venían a ver un espectáculo del oeste americano de aquellos tiempos, donde estaban los pistoleros sin escrúpulos y los indios apaches.
Los turistas gozaban de un espectáculo con robos de banco, auténticas peleas de vaqueros, paseo de vacas y búfalos, indios apaches galopando encima de sus caballos con posturas increíbles. Pero ésta imagen de las caballas me trajo el recuerdo cuando cada viernes a partir de las nueve de la noche, me sentaba en una mesa tranquilamente para comerme una bandeja con dos chuletas, dos muslos de pollo, papas fritas, dos o tres papas guisadas y ensalada y un refresco y siempre un helado de postre.
Pero la anécdota fue que cuando había pasado unos meses descubrí que conmigo siempre se sentaban tres compañeros de trabajo para mirarme mientras comía y sus nombres eran José María en paz descanse, Adán y Miguel Zerpa.
Les pregunté, ¿Por qué ustedes llevan sentándose conmigo muchos viernes mirándome y no comen nada?. Su respuesta fue inolvidable, "Es que los médicos nos han quitado muchísima comida porque estamos mayores y nos damos un gustazo mirando a usted increíble".
Por ese tiempo hacia muchísimo deporte, corría cada día aproximadamente ocho kilómetros y una vez por semana treinta y cuatro kilómetros en bicicleta. Además una vez al mes corría veinte kilómetros y llegué hasta caminar desde Sardina del sur en Gran Canaria hasta el barranco de Guayadeque ida y vuelta que son cuarenta kilómetros aproximadamente en total.
Usted querido lector seguramente estará pensando que este artículo es un poco extraño, pero tiene su explicación y el principal motivo de este artículo que es un relato, es para fomentar la lectura. Agradezco de corazón querido lector que hayas leído hasta aquí y confieso que la primera parte donde hablamos de la imagen adjunta, es producto de la imaginación porque ahí están dos personas que son amigos y además tienen un millón de amigos.
Quién está sentado es Carlos Magdalena gerente de Grupo El Cine en el sur de Tenerife y quien está de pié es el empresario de Linares Bus, que también colabora en éste artículo como actor. Pero la segunda parte donde hablamos del Sur de Gran Canaria en el pueblo del western es totalmente real. Fomentar la lectura es obligación por parte de los profesionales de la educación y el digital de Canarias con éste artículo apoya un poquito éste proyecto de fomentar la lectura, esperando que lo hayas pasado bien volando sin alas. No puedo despedirme sin antes recordar las mañanas que Carlos Magdalena ponía un buen plato de comida a su madre en paz descanse y su madre se quejaba diciéndole a Carlos, ¡Carlos por favor, que ésto es mucha comida!. Y Carlos siempre respondía, ¡Mamá!, no te preocupes que estás sentada con Juan. Yo me comía casi todo el plato, porque ella misma me lo daba. Tiempos inolvidables.
