11 Sep 2026

Ana María Beltrán presentará su última novela en el Casino de Arona

Ana Beltrán.//Cedida
Cultura

En esta ocasión, Ana Beltrán desmigaja los entresijos de una historia de amor en el ambiente puritano que caracterizaba a las sociedades rurales

ELDIGITALDECANARIAS.NET / Arona

La cultura está de enhorabuena con el feliz regreso de Ana María Beltrán García. La genial pintora, poetisa y escritora presentará su nueva novela “La vida que me impusieron” el próximo viernes 18 de septiembre en el Casino de Arona, a las 19:30 horas.

En esta ocasión, Ana Beltrán desmigaja los entresijos de una historia de amor en el ambiente puritano que caracterizaba a las sociedades rurales a mediados del siglo XX. Una prosa elegante y afilada, no exenta de ironía y humor, disecciona aquellas costumbres hipócritas aceptadas bajo el manto del costumbrismo que esta contadora de historias narra con maestría. Ana Beltrán es una figura principal en las letras que dibujan paisajes humanos que nos resultan muy familiares.

Entrevista a la autora

Pregunta: ¿Cuál es el motivo que te impulsa a escribir?

Respuesta: “El placer de contar historias, la necesidad que nos va creando el hacerlo, la cual se convierte en adicción. Yo creo que esto le pasa a toda persona que se siente atraída por la escritura. Es cierto eso de que «una vez escrito el primer párrafo no se puede parar.» Y esto fue lo que me ocurrió desde el primer relato que escribí. Nadie ha descrito con tanta contundencia esa necesidad como Severo Sarduy, escritor y pintor cubano (y a ello me remito cada vez que se da el caso)”.

P: En La vida que me impusieron relatas una forma de amar. ¿Crees que el amor y el modo en el que amamos ha cambiado realmente?

R: “Creo que en el fondo el amor no ha cambiado; en la forma, sí. Hoy la mujer, cuando se enamora, no espera a que el hombre que le gusta le declare su amor, es ella la que abiertamente se declara, algo impensable en mi juventud; si alguna se atrevía a hacerlo se la consideraba inmoral, sin principios… Y no digamos el acto amoroso-sexual, en el que la mujer, generalmente, era sujeto pasivo. Hoy ya no es así, de la pasividad se ha pasado a la actividad. La vida que me impusieron transcurre a comienzos de la década de los sesenta, años carentes de toda libertad, especialmente para la mujer. No obstante, y como ha sucedido siempre, los jóvenes se enamoraban y se saltaban las normas establecidas, sin detenerse a pensar en las consecuencias que ello podía ocasionarles. Y eso fue lo que le sucedió a la jovencísima e inocente Manuela”.

P: Has sido testigo del cambio en el papel de la mujer en la sociedad. ¿Consideras que la cultura machista sigue imperando a pesar de los avances en materia de derechos y libertades de las mujeres?

R: “Absolutamente. No voy a negar que algo se ha avanzado, pero por lo que percibo queda mucho camino por recorrer; hay que reconocer que aún hay muchos hombres extremadamente machistas, sólo una minoría no lo son. Machirulos al cuadrado, un adjetivo que les vendría muy bien. Las mujeres sólo pedimos igualdad, caminar a su par, no que se nos resarza por daños y perjuicios. Aunque no estaría de más que reconocieran que en más de veinte siglos de historia hemos sido ninguneadas por ellos, los varones. Y aún hay algo más, algo que me preocupa en grado sumo: los jóvenes. Al parecer, los genes heredados no han mermado, al contrario, han reforzado su prevalencia con respecto al género femenino. Este es un misterio fácilmente descifrable: el hombre ya no ve en la mujer sólo a una posible esposa, sino a una rival muy competente”.

P: Como muestras en la novela, nuestra vida está condicionada en muchos sentidos. ¿Crees que, a ti, en tu caso particular, te impusieron una vida que en el fondo no deseabas? ¿Te hubiera gustado tener más libertad de elección a la hora de tomar decisiones respecto a tu vida?

R: “Sí, condicionada por múltiples factores. Claro que me la impusieron. Yo nací en plena dictadura, en una sociedad machista y eclesiástica, asfixiante a más no poder, en la que lo más insignificante era pecado y motivo de represión. Estábamos rodeadas de «jueces» muy severos, proclives al castigo. Entre ellos se hallaba mi padre, cuya severidad llegué a comprender sólo al cabo de los años. Y qué decir del cura de turno, amenazando constantemente con el fuego del infierno, un fuego a perpetuidad. Sólo de oírlo entraba en pánico. Y el régimen, que nos convirtió en esclavas del varón. Ante este panorama, ¿Cómo no me iba a gustar tener más libertad? ¡Toda la del mundo!”

P: ¿Qué le dirías, o aconsejarías, a la Ana Beltrán dieciocho añera si pudieses hablar con ella?

R: “Le diría: Ana, coge una bolsa, mete en ella tus cuatro cosas y corre a dar la vuelta al mundo, quizá tengas suerte y te encuentres con aquellos dos pilletes que en plena adolescencia te fascinaron”.

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