06 Sep 2026

Odiseo

Ventanas de Opinión

Dr. A. R. Lombardi Boscan (*)

La destrucción de Troya fue sin duda un acto de injusticia divina. París había insultado a Menelao, y ambos bandos, aqueos y troyanos, estuvieron de acuerdo en un momento en dejar la decisión a un combate singular entre los dos héroes. Menelao fue el vencedor, y allí debió acabar la guerra, con la vuelta de Helena y el pago de compensaciones; pero Hera y Atenea no quedarían contentas hasta que Ilión fuera saqueada y todos sus hombres muertos. El interés de las dos diosas era estrictamente heroico; era una insistencia sobre la plena retribución por la vergüenza que una vez habían sufrido a manos de París, cuando juzgó que Afrodita era la más bella. Esto y no otra cosa acarreó la destrucción de Troya”. El Mundo de Odiseo, M.I. Finley, 1995.

Quién haya leído las sagas del bardo Homero: Ilíada y Odisea, constató que los Dioses fueron los titiriteros de los héroes. Una casta aristocrática y guerrera atrapada por el mito.

En ese arcaico mundo las mujeres, los esclavos y extranjeros eran invisibles. Los pobres, ni hablar.

La suntuosidad de la imaginación desplegada no tiene nada que ver con realidades modestas. Los palacios micénicos, deslumbrantes en el cine, eran su reverso en la realidad.

Para los griegos estos poemas engrandecen su pasado desde una deformación histórica romántica.

Troya existió en la actual Turquía en la Edad de Bronce. No una, sino muchas.

No obstante, lo esencial del relato de Homero son inventos y exageraciones épicas con el agregado de las intrigas tan de gusto para la raza humana.

Aun así, hay una piedad heroica con sus códigos de guerra. Brutales y escandalosos. El resultado es un tema atractivo para ser recreado por un cine monumental. Bajo esquemas del presente.

El Odiseo de Christopher Nolan sufre de arrepentimiento. Algo que para los héroes de Homero es un imposible. Su astucia legendaria es lo que le define. Y engrandece.

Y si las estratagemas violan las convenciones de honor y virtud, a cambio de vencer al enemigo, estas se tornan irrelevantes.

La psicología que nutre las intenciones de Odiseo/Damon son para capitalizar la empatía con un público del siglo XXI modelado por la moralina y la sumisión.

Lo que Nolan siempre ha hecho bien es utilizar el impacto de las imágenes como un chute de adrenalina que socava el equilibrio sensorial de sus entusiastas adeptos. El enganche, está asegurado. Y la chequera, también.

Nolan es un Spielberg mejorado. Un talentoso y eficaz director capaz de entretener a lo grande, a su masivo público, sin muchas honduras.

Obviamente, siempre hay algunos artilugios pseudo científicos, para alcanzar una preeminencia mayor como director de culto. Interstellar (2014) es un buen ejemplo de ello.

El Odiseo de Nolan es un blockbuster mediático. No hay las pausas de una reflexión a contra viento. Mucho menos el arrojo de molestar a la audiencia. Es un cine pulcro. Sin alma. 

(*) Director del Centro de Estudios Históricos de la Universidad del Zulia. Representante de los Profesores ante el Consejo Universitario de LUZ

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