Entre la ignominia y la pleitesía de España a Marruecos. ¿Avanzamos como país? Parte IV
Carlos Gustavo Rivero Quintana (*)
Cuando en tú país existe un sistema de libertades, que son, esencialmente, muy garantistas de los principios democráticos, resulta difícil de entender el hecho que tu país, y los de tu entorno, se plieguen a condiciones que contravienen nuestros principios y libertades que tanta sangre, sudor y lágrimas ha costado forjar. Se olvida así nuestra propia historia, y casi parecería preciso tener que recordar que las dos grandes guerras mundiales se iniciaron en Europa.
En la actualidad Marruecos está de facto en una Estrategia (guerra) híbrida contra nuestro país, en la que la utilización de la presión migratoria como elemento de desestabilización de nuestra soberanía, ejercida sobre las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, nos condiciona a un desgaste con acciones de baja intensidad, que degradan la capacidad de decisión de nuestros gobernantes. Además, exasperan a una ciudadanía (la ceutí en este caso) hasta el agotamiento mental ante un gobierno que carece de la determinación de contar no solo las condiciones que rodean esta forma de actuación del gobierno autócrata de Marruecos, si no de actuar con contundencia y determinación ante tal actuación. Si a esto le sumamos la desinformación, tanto externa como interna, que llega a la población, en la que miembros del gobierno de la nación un día cuentan una cosa y otro día otra distinta, nos encontramos con la lógica desconfianza en nuestras instituciones. Este clima no hace si no favorecer esa sensación de inestabilidad de un gobierno que nada a dos aguas, contentar a Marruecos e intentar justificar actuaciones que, desde el principio, están condicionadas a criterios partidistas y electoralistas. Si bien, en esto la oposición de nuestro país ha actuado como un aliado involuntario de los intereses marroquíes. Y todo esto sin que Marruecos haya utilizado medios militares, utilizando como arma tan solo la desesperación de migrantes que abandonan sus países de origen en busca de una vida mejor, o de la propia ciudadanía marroquí que huye de la miseria que vive en su país. No cuesta imaginar la catadura moral del reino de Marruecos cuando estas personas eligen jugarse la vida en el mar para poder alcanzar las costas españolas y un mundo mejor. Toca empezar a pensar que Marruecos no es un estado fiable, y en el caso de que no entrar en razón, habría que girar las políticas europeas, sin excluir medidas más drásticas como suprimir su financiación y/o aplicar sanciones económicas de envergadura.
Decía el Sr. Dean Rusk, Secretario de Estado de los EE.UU. durante la década de 1960: “El apaciguamiento solo hace más agresivo al agresor”, pudiendo interpretarse las concesiones como una muestra de debilidad. Dicha debilidad es mayor cuando el país se encuentra dividido y débil, y se huele “dicha debilidad”. Esto encaja en las acciones llevadas a cabo por Marruecos contra nuestro país.
La fiscalía de la Audiencia Nacional tras leer los informes de la Policía Nacional (CENIF) y de la Guardia Civil, observa en lo acontecido en Ceuta posibles delitos: de favorecimiento de la inmigración irregular, de homicidio y lesiones por imprudencia, de organización o grupo criminal, que afecten al orden público o a bienes jurídicos de naturaleza colectiva, como la paz o la independencia del Estado, y así se lo han manifestado a la jueza que lo investiga.
Es imperativo que el Estado español defienda los intereses de sus ciudadanos, y garantice su SEGURIDAD, en el más amplio sentido de la palabra, con la búsqueda de certificar en toda vida humana el objetivo último de garantizar las más esenciales necesidades, como son los recursos económicos, de salud, de tipo ambiental, de libertad, de justicia social, la convivencia en paz, y como no de preservar la vida como valor máximo en condiciones éticamente dignas dentro de los preceptos de los Derechos Humanos fundamentales, para la búsqueda de dicha seguridad y tranquilidad, aunque ello conlleve tolerar aquellas normas sociales y éticas para la convivencia que limiten la libertad de acción.
Abordar la inmigración es adoptar iniciativas desde los países desarrollados que ayuden a impulsarse a estas regiones subdesarrolladas, para que disminuyan los flujos migratorios. En caso contrario, la migración ilegal nunca cesará, siendo este un fenómeno muy complejo y con diversas causas: las guerras, la sobrepoblación, la pobreza sobrevenida por regímenes políticos autocráticos y/o dictatoriales, etcétera. Hay que pasar a la acción para evitar que países gobernados sin escrúpulos puedan seguir utilizando a seres humanos como objetos en su estrategia híbrida.
Así lo he dicho y así queda.
(*) Ciudadano canario, español y europeo.