Contaminación lagunera
Pedro Manuel González Cánovas (*)
La vecindad no suma tantos votos como la audiencia de los festivales que convoca el Ayuntamiento por las Fiestas del Cristo. Pero muchos de los asistentes no son del municipio, mientras que los que sí lo somos tenemos que soportar que la música de la plaza del Santuario exceda, por mucho, de los decibelios tolerables. La zona se convierte en inhabitable.
En palabras del abogado madrileño Jota Vaquerizo, «el ruido no es una molestia. Es un agente contaminante. La Ley lo trata como tal, igual que un vertido o una emisión. Y cuando alcanza cierta intensidad deja de ser una infracción administrativa y pasa a ser delito».
En el asilo que linda con la plaza nos han confirmado que en el recinto no duermen ni las estatuas o imágenes de los cuadros. Es más, hay quien se anima a invitar al alcalde a dormir una noche de concierto en el asilo. ¡Ni con pastillas se puede conciliar el sueño!
Los vecinos imaginamos, o queremos imaginar, que el Consistorio ha recibido quejas de la representación vecinal, porque nadie puede hacer «oídos sordos» a la reclamación que les hacemos llegar por esta vía.
Al final, en La Laguna de este PSOE, la hucha de dinero público vuelve a ponerse al servicio de la fiesta, mientras a los que dejamos los impuestos aquí se nos paga quitándonos aparcamientos, con decibelios grotescos hasta la madrugada, o regándonos de vómitos y cristales las aceras… Al mismo tiempo, la seguridad ciudadana pasa a un tercer plano, por la impotencia de los cuerpos de seguridad ante una aglomeración de personas incontenible, que se les fue de las manos hace mucho.
El único objetivo del Consistorio parece ser sumar más personas y más tiempo de fuegos artificiales que el año pasado.
La vecindad propietaria no conviene. El espacio se va convirtiendo, no casualmente, en una ciudad dormitorio para el turismo y la explotación estudiantil, fuera del alcance de la familia media local.
Muy socialista todo esto. Pero de una socialdemocracia rendida al consumismo, al capitalismo y, por ende, a esas franquicias foráneas que están pasando como una apisonadora por encima del comercio local.
Da lo mismo quejarse que quedarse calladito. La sordera institucional llegó antes que los escándalos de La Noche en Blanco, las Fiestas del Cristo o la no sé qué en la calle que inventa a cada momento el «socialismo» municipal.
Con un poco de suerte, todos seremos viejitos algún día. Cultivemos hoy para tener calidad de vida entonces. No dejemos que nos roben La Laguna o que la transformen en un espacio irresponsablemente contaminado e inhabitable.
(*) Articulista